VOCES INTERIORES (Real de Catorce,1992)

Artista: Real de Catorce (B)

Fecha de Grabación: 1992

Fecha de Lanzamiento: 12 de Diciembre de 1992, MEX

Discográfica: Discos Pueblo

Productor: Real de Catorce

Calificación: 9

                   

Era: 90's Rock En Ñ: La Era de Oro

Subgénero: Blues Rock

Mejor Canción: Pago Mi Renta Con Un Poco De Blues

Canciones: 1) Toca un Rock’n Roll; 2) Extraño en la Multitud; 3) Mala Inversión; 4) Sostente de Pie; 5) Madre Blues; 6) Pago Mi Renta Con Un Poco De Blues; 7) Voces Familiares; 8) Niña Virgen María.

 

Pasaron 3 años para que Real de Catorce lanzara su cuarto disco. Durante este lapso se dio la primer modificación en la formación original de la banda, tras la salida de Severo Viñas, siendo sustituido al bajo por Juan Cristóbal Pérez Grobet, quien permanecería los siguientes tres discos de estudio, aunque aquí también participa Carlos Cabral en 3 temas. Con este disco, mantienen la costumbre de mantener 8 rolas y lanzarlo un 12 de Diciembre. Pero hay cambios respecto a su antecesor, el A Mis Amigos Muertos. Éste es mucho más rockero; el blues se muestra más potente, la guitarra más distorsionada, y aunque aún hay detalles en la producción, mejora muchísimo y deja de lado esos pequeños vicios ochenteros, dando un sonido más actual. De alguna forma se pierde esa sensación y olor a bar de mala muerte con whisky y cigarro para dar una sensación de mayor amplitud, de estar tocando en un espacio mucho más abierto, y creo ese cambio no es malo. Aún hay presencia de teclados, incluso sax en “Extraño En La Multitud”, pero no suenan ya tan fechados.

Por otro lado, aunque en algunos temas regresan a un sonido más orgánico y “en vivo”, en otros continúan con la experimentación y fusión que ya habían comenzado en el disco anterior, como “Mala Inversión”, donde se notan de fondo bases Reggae! Tenemos también baladas conmovedoras, como “Sostente de Pie”, desgarrador tema con cierta influencia Gospel, o “Niña Virgen María”, con dominio de teclados y una letra nuevamente desgarradora.

El negrito en el arroz es “Voces Familiares”, en el que intentan ir más lejos con la fusión del blues y meten rap. Rap! Bueno, la idea no es del todo mala, años después lo intentarían con “El Virrey” teniendo mucho mejor resultado (aunque creo que sea es más bien hip hop). Aquí simplemente la experimentación no cuaja y termina siendo el segundo relleno feo hasta el momento en la cuasi impecable discografía de Rd14, que bien podría haber cantado Will Smith en sus épocas de Fresh Prince of Bel Air. O en su defecto, Claudio Yarto…

Pero para compensar tenemos “Pago Mi Renta Con Un Poco De Blues”. No es regla, pero generalmente mi rola favorita de las bandas no está en mi disco favorito, y en este caso continúo con dicha costumbre. No sólo es mi rola favorita de la banda, sino que posiblemente sea mi canción favorita en español. Una celebración al Blues desde el Blues mismo.

Líricamente José Cruz sigue evolucionando y acercándose no a un nivel de madurez (ese quizá lo alcanzó a los 15 años), sino al nivel de maestro! En este álbum Cruz Camargo va mostrando una mayor profundidad. Quizá sea el menos oscuro en el aspecto que es el que menos toca el tema de la muerte, o al menos no directamente, pero hace una enorme revisión de temas, desde problemas y conflictos familiares, una durísima crítica social, el VIH infantil, el desamor y la nostalgia, la esperanza, hasta esa oda de amor absoluto por el Blues, en el que deja patente que la música es su vida, su oxígeno, y lo demostraría también con su enfermedad.

 

El disco arranca con “Toca un Rock’n Roll”, que efectivamente es un tema muy rocker, potente, festivo, con el Blues como telón de fondo, y la tremenda lírica de José Cruz. La rola arranca con una intro ascendente que crea tensión, hasta un parón de todos los instrumentos y un regreso a los versos, que son más pausados, pero igualmente van construyendo una ligera tensión. En los estribillos, las guitarras revientan junto con la voz de José Cruz, con una melodía memorable en la que entabla un diálogo con la gigantesca guitarra de Iglesias. Luego un break instrumental en la que regresan a la intro, con los platillazos de Ábrego, hasta que el volcán hace erupción en el requinto al 1:45. Pura magia, José Iglesias demuestra aquí porque es uno de los mejores guitarristas de su época, con un solo que no le pide nada, absolutamente nada a cualquier Guitar Hero anglosajón. La letra es una fiesta de Blues, que pudiera tomarse algo ligera, pero las imágenes que logra son sobresalientes; dista mucho de la fiesta superficial que pudiera tener AC/DC o el Tri, por ejemplo: “Tengo la edad del polvo que cubre mi Fender” con que abre, u “Hoy los muchachos rebeldes tiraron la toalla, Cuando se guardan los sueños se van al olvido” con que cierra. Me encanta en particular la parte de los coros en que van a toda máquina “Tengo mi guitarra, tengo mi guitarra…” hacen una breve pausa, y rematan con más tranquilidad con “Y una amónica en do”. Es una tremenda cátedra de Blues Rock con letras cargadas de poesía, sin que necesariamente sea de los trabajos más comprometidos del grupo. Pero ya da seña de la evolución del grupo, con un nivel instrumental cada vez mejor.

Seguimos con “Extraño en la Multitud”, un tema más tranquilo, más nostálgico, donde las guitarras se entretejen con arpegios melancólicos e incendiarios arreglos. Me encanta la forma en que la canción va lenta, con los teclados dominando con efectos de clavicordio y flautas. Luego una guitarra gilmouriana llora y hace una especie de solo dolorosísimo que deja otra estrofa de desamor y arrepentimiento. Todo tranquilo en una especie de balada negra, Y de repente, al 2:10, Iglesias le mete un “turbo” recorriendo todo el brazo con distorsión, para luego un increíble crescendo. Cuando menos nos damos cuenta, tenemos a José gritando a todo pulmón y el solo de Sax al fondo. En un segundo llevan una canción muy relax a un enorme clímax. Después un majestuoso coro femenino muy gospeliano, y la rola se comienza a acelerar al 3:20, mientras José sigue repitiendo el estribillo “No es el mundo no es la calle no es la gente, eres tú” cada vez más rápido, hasta un solo de teclado muy a la ELP. La rola sigue subiendo de intensidad y ya estamos en un tren a toda máquina, hasta que José remata con un “Extraño en la multitud” que trae todo a la calma de nuevo, con una ambientación nocturna, susurros, teclados grillos y la luna brillando a través de las notas. Estando muy de buenas, la podría marcar de rojo.

Continúa “Mala Inversión”,  que arranca con arañitas muy traviesas, casi infantiles, que logran un riff muy luminoso y divertido. No estoy seguro si la guitarra va espejeando una marimba. Luego Fernando Ábrego hace un redoble y entran en forma la canción, que tiene una base reggae! Desde el alegre beat con destiempos, el bajeo (que se ve que el Reggae no es lo suyo) y el guitarreo, que esta vez se va al rápido rasgueo jamaiquino,  pero sin olvidarse de dar un lejano sabor bluesero. La fusión resulta sorpresivamente bien, sin que sea una rola clásica de Real, creo que en mayor medida por el tremendo performance de Ábrego, que se discute con las baquetas en un tema complicadísimo en ritmo, cambiando incluso al 3:40 a un Ska! La fusión sale bien a secas, pero lo sobresaliente es la letra. José Cruz hace un duro retrato de la brecha generacional en la familia, con un padre dominante que quiere llevar a su hijo por su sendero y el hijo escoge otro. A mi me conmueve mucho porque esta vez logro identificarme 100% con lo que debió haber pasado José Cruz con su padre. No es que no aprecie todo el esfuerzo y trabajo que hizo el mío por mi y mis hermanos, pero los planes que tenía para mi como primogénito nunca cuadraron con lo que yo quería hacer o vivir… Mi experiencia no fue tan dura como la de la letra, pero algunos versos alcanzan a sentirse como cachetadas: “Hijo: eres una mala inversión, no seguiste jamás mis pasos” o “No me queda talento para gobernarte”, o la más dura de todas: “Hijo mío, decidiste romper, el espejo de mis fracasos”. La letra pesa porque esta vez es la perspectiva paterna. Como hijo uno no alcanza a ver que muchas veces el padre sólo quiere lo que cree mejor para nosotros, aunque de hecho, no sea lo mejor. Pero esa falla de comunicación es lo que resulta en familias divididas y rencores y silencios hasta la tumba. Espero como padre poder ser un guía, pero sin forzar caminos… Por otro lado, la canción, sin ser una obra de arte, es una gran muestra de la experimentación y versatilidad de la banda con otros géneros, y de paso, muestra el tamaño de Fernando Ábrego como baterista, quien se luce con su técnica y hasta parece cómodo.

Luego está “Sostente de Pie”, una preciosa balada, que inicia con un suave guitarreo y una Steel guitar que da tintes Country. Mientras va avanzando, entran unos majestuosos coros femeninos que van dando aires gospelianos. El tema es de mucho antes de que comenzara la esclerosis múltiple, ignoro a quién se la dedicó, pero pareciera estar cantándose a sí mismo, un preludio a lo que se le vendría: “Cuando caes por séptima vez, cuando el viento golpea de frente, y al final te abandonan las fuerzas, y gritas y aprietas los dientes...”, con una voz clara, y una melodía con una especie de vaivén hipnótico, curativo, esperanzador. Canta con mucha emoción, por momentos, precisamente en esa estrofa, parece que se va a romper, aunque el tono no sea muy alto. Luego viene el estribillo, pegajoso, hermoso, con unos teclados hammond, los slides, una enorme línea de bajo y los espectaculares coros gospelianos de Adriana Martínez, Laura Serratos, Ofelia Guzmán y María Elena Durán, que también participan en "Extraño en la Multitud", "Pago Mi Renta " y "Niña Virgen María". José Cruz parece dejar el alma mientras canta el estribillo: “Sostente de pieeeeeeeeeeeee, la vida es la broncaaaa, las nubes se van, da vuelta a la hojaaaaaa…” Al 2:30 queda la batería sosteniendo la rola, y hacen un cambio de tono para un gigantesco solo de armónica. Es una canción preciosa, en la que confluyen varios géneros, (incluso hay un violín Country hacia el final), para hacer una balada universal, atemporal, que quizá José escribió en apoyo de alguien cercano, pero que en los giros del destino, terminaría convirtiéndose en su propio grito de guerra, su propio bastón. No sé si por el guitarreo o los coros, pero de alguna forma, siempre me ha parecido una especie de equivalente a “You Can’t Always Get What You Want” de los Stones.

“Madre Blues” es otro gran despliegue de Blues Rock, agresivo, espídico, con José Iglesias dando cátedra del trato de la guitarra. Una enorme Intro con Power Chords, punteos, mucha distorsión en las guitarras que se entretejen, y una agresividad que hasta ahora era inédita en Rd14. Casi al minuto, hacen un puente instrumental que inicia con un complejísimo galope de batería hasta retomar el ritmo y nuevamente  unos slides que lucen mucho y un minisolo que se intercala. El bajo va a toda máquina, aunque algo inadvertido por el volumen. Pérez Grobet se muestra con mucha velocidad punteando y haciendo complejas líneas. Al 1:40 hacen otra vez el puente, pero esta vez se van a un incendiario solo de Iglesias, que le prende fuego a su guitarra de una forma que, ustedes perdonen, no le pide nada a Hendrix. Es uno de los despliegues técnicos más magnificentes que yo haya escuchado de un guitarrista latino. Hasta aquí la canción tenía un falso disfraz de desamor: “Oh Madre blues! Llévame a un hospital, me duele el corazón: ella se fue con mi último suspiro, ya no sirvo para amar” pero al 2:20 queda solamente la sección rítmica manteniendo la rola y cambia diametralmente de tono. José Cruz recita una furiosa diatriba política que yo creo que hoy aplica más que cuando fue escrita: “La gente demanda justicia, el sistema promete justicia, pero los jueces y los policías se venden al mejor postor. Los ricos no son encarcelados, hacen razzias y apañones, los estudiantes son detenidos…” se nota la tensión que genera simplemente con la voz, y es cuando estalla con un grito cataclísmico: “Quiero una Revolución!” mientras la guitarra lanza latigazos cargados de veneno. Luego tenemos otro juego de versos y las guitarras se van incorporando nuevamente, cada vez con más presencia, más fuerte, más ruidosas, más espectaculares, logrando un efecto simplemente indescriptible. Para el final regresan a ese puente galopante con una voz en cuenta regresiva distorsionada, y acaban todos a un tiempo. Uff! Si no fuera por “Pago mi Renta”, sería la mejor del disco. Sin duda una de las mejores rolas de la banda, donde el trabajo de las guitarras es impecable e implacable.

Y sin respiro alguno, nos vamos directo a “Pago Mi Renta Con Un Poco De Blues”. Lo que hacen aquí no tiene nombre. Es una rola gigantesca, no sólo por los 7 minutos de duración sino por el despliegue instrumental, la cátedra de Blues, lo solos, los orgasmos musicales, la letra oscura y nocturna. Arranca con un pequeños y doloroso requinto de Iglesias que hace llorar a su guitarra hasta rematar en una rápida escala que cosntituye el primer clímax. Luego viene la armónica de José Cruz, que hasta el momento no había lucido con el instrumento, pero aquí demuestra porqué es considerado uno de los mejores armonicistas de México. Hace líneas firmes, emocionales, creando una atmósfera de whisky y cigarro que se extrañaba un poco en el álbum. Por momentos parece que el solo termina, hacen un falso final y regresa con ese llanto, con el hammond etéreo al fondo y la batería adormilada, pero con buenos remates. La Intro se extiende casi hasta el 2:30 cuando entra la voz recitando, más que cantando. Un poema nocturno, que es en sí una celebración al Blues a partir del Blues mismo. José va aumentando la velocidad y la intensidad de la voz, mientras Ábrego va haciendo lo propio con la batería, cada vez más compleja. El bajeo de Pérez Grobet va también haciendo progresiones y de pronto ya está a toda máquina haciendo escalas de jazz. Un excelso piano coctel a cargo de Carlos Cabral va haciendo elegantes arreglos mientras José va desaforado, como en trance, lanzando líneas sin aparente sentido: “hada alcohólica bañada por la luna de tus treinta y tres”, hasta llegar a ese otro orgasmo en el que dice “ansiando la paz de otro mundo... reunidos en la antesala del infierno... Fumando y riéndonos” y se escuchan risas histéricas al fondo. A estas alturas ya tenemos prácticamente solos simultáneos de piano, bajo y batería que van a toda máquina con un virtuosismo exquisito. Entran los coros femeninos repitiendo una y otra vez “No dejamos nada al Señor” como un mantra, y Ábrego se discute con las baquetas en esta parte, convirtiéndose en pulpo. Después de la erupción, bajan el ritmo para lo que parece una coda con la armónica guiando melancólicamente. Parece que va a terminar, pero no, la armónica sigue cargada de eco, haciendo remates y arrancones agudos. Al minuto 5 se hace casi un silencio para un solo de bajo, elegante, taciturno, con mucha carga jazz, hasta que Cruz vuelve a marcar otro crescendo con los “sí, sí, Sí, Sí, SÍ, SÍ, SÍ!!!” que marcan el último orgasmo, antes de la salida ahora si con armónica. 7 minutos de éxtasis en Blues Puro. No importa que la guitarra tenga un rol dominante sólo al principio, la manera como construyen la tensión cómo alternan los instrumentos, como preparan los diversos clímax, el nivel técnico e instrumental… La letra no tiene un sentido evidente, son imágenes de Blues, muy bien construidas, que crean ráfagas y ayudan a crear ese ambiente denso, nocturno, sofisticado, pero a la vez agresivo. Sin duda es la mejor canción de Real de Catorce, aunque la superarían en la versión en vivo del Azul, en el que Iglesias extiende la Intro con una guitarra cargada de mayor poder, aunque no hay coros femeninos. La perfección hecha Blues. Si me preguntan, mi rola favorita en español.

Después de esta verdadera cátedra, viene un traspié feo. “Voces Familiares” tiene una intensión experimental de fusionar el Blues con el rap, que estaba muy en boga en esos días. Entiendo la intensión aventurera de explorar territorios desconocidos para la banda, pero fracasan de manera miserablemente. Un inicio funk con la batería procesada (o es electrónica?) y el guitarreo, los teclados tipo Ghostbusters, efectos horribles… Cruz rapea, literalmente, quizá la letra más estúpida de todo su repertorio, de un chico que se va a la fiesta y su padre lo alcanza para decirle “¡Que no te maten o te mato yo!”. Llega el punto en que la banda está fingiendo hacer loops con sus voces. Es realmente deprimente, y no puedo evitar pensar en las pésimas bromas de los RHCP en sus primeros discos. Es curioso, que la peor rola de Rd14 esté precisamente después del mejor…

Afortunadamente cerramos con “Niña Virgen Maria”, una balada donde se olvidan del Blues para dejar el piano y un etéreo teclado dominando. Uno pudiera pensar que se trata de un tema religioso. La fecha del lanzamiento de sus discos (12 de Diciembre) coincide con el Día de la Virgen de Guadalupe en México, pero tengo entendido que es por el aniversario de su primer tocada como banda que eligieron dicho día. El tema no es de tintes religiosos. José Cruz se discute con un tema conmovedor en el que uno no puede evitar la “basurita en el ojo” cuando sabe que es para una niña contagiada de VIH, en etapa terminal. Y entonces es cuando la instrumentación, de una belleza cristalina, cuaja con la tremenda emotividad lírica: “Al pie de tu lecho, un ángel de madera, en tus arterias, el mundo viejo te hereda el nuevo mal”, un coro tierno, dulce, con José cantando con cierta impotencia “Oh María, Oh María, Voy a mirarte en el tren de luz, en que te irás en pocos días, la tierra guardará silencio, y Dios te donará una golondrina”, para cerrar de una forma dramática: “Cuando te vayas canta tus canciones, grítale al mundo que amas la paz, busca el dolor, préndele fuego, el viejo ángel sin jubilar, quiere quedarse a cuidar tu lugar...”. Una canción alejada del Blues, pero con una instrumentación sublime para otra letra gigantesca, que invariablemente me deja con un nudo en la garganta.

 

Un enorme disco, que marca la evolución de Real De Catorce a un sonido más audaz, más experimental, coqueteando sin miedo con otros géneros, pero donde constatan que donde son verdaderos maestros es en el Blues, ya sea en su estado más puro con “Pago Mi Renta” o más rockero con “Madre Blues” o “Toca un Rock’n Roll”. Por otro lado, la producción suena mucho mejor y el sonido más mucho más actual, más maduro, la banda suena actual aún hoy en día con este disco, y se sacude los clichés ochenteros de los álbumes previos. Líricamente es abrumadora la madurez de José Cruz, y se nota que es un devorador de libros, desde los poetas del Siglo de Oro Español, hasta los Poetas Muertos, que sirven de base para letras cada vez más profundas y que logran imágenes inmortales. Lo único que evita que alcance nota perfecta ese ese desliz rapero, que se siente forzado y por moda, en la quizá peor letra y música en toda la discografía de la banda. Aún así , el Voces Interiores vale la pena: de 8 canciones, 5 son muy buenas, de esas 5, 2 son enormes. Y de esas 2, 1 es la mejor canción que el Rock en Español ha parido, en la aún muy limitada opinión de este servidor. 

 

 

Por Corvan 

 

 

 

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