VOL. 4 (Black Sabbath, 1972)

Artista: Black Sabbath (C+)

Fecha de Grabación: May del ‘72

Fecha de Lanzamiento: 25 de Septiembre de 1972

Discográfica: Vertigo

Productor: Patrick Meehan & Black Sabbath

Calificación: 8.5

                

Era: Metal (1970-???)

Subgénero: Metal

Mejor Canción: Wheels Of Confusion

Canciones: 1) Wheels Of Confusion/The Straightener; 2) Tomorrow's Dream; 3) Changes; 4) FX; 5) Supernaut; 6) Snowblind; 7) Cornucopia; 8) Laguna Sunrise; 9) St Vitus Dance; 10) Under The Sun.

 

Y bueno, después del gran debut y los sendos discazos subsecuentes, era de esperarse un bajón de la banda. Sin ser un disco malo, ni mucho menos, el Vol. 4 muestra esa tendencia de bandas que tocan el cielo y lo que sigue es un poco de experimentación, de expandir sonidos, de arriesgarse. Y en cierta forma se agradece, creo que en el Paranoid y el Master exprimen muy bien su sonido, y una continuación por el mismo tenor tampoco era la mejor opción. La cuestión es que en esa búsqueda de nuevos horizontes no siempre resultan atinados. Las mejores rolas del 4 son de hecho las que mantienen e incluso mejoran esa fórmula de los primeros 3 discos, y hay algunas de antología, definitivamente, pero… hay algo que ya no funciona igual.

La cuestión es que, si nos preguntamos a qué suena la cocaína, la respuesta supongo que es al Vol. 4. La leyenda dice que llenaban  amplificadores con polvo para meterlo al estudio, y hay quien dice que Ozzy nunca se logró bajar del avión tras esta época. El álbum incluso se iba a llamar Snowblind, como el sexto track, pero la disquera lo prohibió terminantemente.

Pero vamos por partes. Después de la monstruosa gira mundial que puso a Sabbath casi a la par de Zeppelin, Purple y los Stones, la banda se tomó unas vacaciones y se reunieron nuevamente en Los Ángeles, en Junio del ’72, para la grabación de su cuarta placa. Habían rentado una mansión en Bel Air, donde se hospedaban, ensayaban, hacían sus fiestas, y de ahí las extendían al estudio Record Plant, donde se desarrollaron las sesiones. Para este disco mandaron a volar al productor Rodger Bain, con quien habían trabajado en sus primeros 3 discos, y aunque el manager de la banda Patrick Meehan, aparece como coproductor, la verdad es que casi todo el trabajo lo asumió Tony Iommi.

Las sesiones fueron un reverendo desmadre. La mitad del presupuesto se les fue en cocaína, la mitad de las sesiones corrieron en un ambiente festivo y la otra en un ambiente tenso y paranoico que comenzó a crear fracturas al interior de la banda. Ward estuvo durante una semana con la certeza absoluta de que lo iban a correr del grupo. Un día casi lo matan tras una broma que le jugaron, ya que perdió el sentido y quedó desnudo en plena borrachera, y Ozzy encontró unas latas de aerosol dorado en el sótano de la casa… Quién iba a pensar que pintar de dorado a tu baterista podría mandarlo al hospital por intoxicación química?

Por otro lado, no todos estaban muy contentos con la expansión de sonidos. Ward diría que odiaba “Cornucopia”. “FX” es un track resultado de una sesión en el que a Tony se le enredó el crucifijo que traía siempre para espantar brujas con las cuerdas de la guitarra, y le gustó cómo sonó. Las drogas se filtraron en la música, pero sobre todo, en las letras. Para algunos, son las mejores de la banda, pero, bueno, a mi me suena a Ozzy hasta las manitas intentando sonar interesante. En cualquier caso, siempre he dicho que el Rock es bueno a pesar de sus letras, y su resulta que alguna banda es capaz de escribir de manera interesante, mejor, pero creo que no es el caso de Sabbath.

En algún momento, Ozzy comenzó a preguntarse de dónde diablos salía tanta droga, cada vez más pura y potente. Iommi admitiría que perdieron el control por completo. Ward, que era famoso por beber botellas de whisky sin marearse, supo que había tocado fondo cuando un día llegó a la mansión y la chica con la que estaba no lo reconoció. Hacia el final de las sesiones, aparecería también la heroína, aunque Ozzy en su defensa diría que solo esnifeada, nunca inyectada. El caso es que Bill no lo podría definir mejor: “En ésa época las drogas y el alcohol dejaron de ser divertidos.”

Iommi aún es capaz de hacer esos impresionantes riffs tumba-asientos. Butler está medio escondido en la mezcla (eso pasa cuando el guitarrista produce), y Ward sigue a gran nivel con ritmos complejos y manejando la intensidad de la banda. Ozzy suena menos feroz, como si estuviera drogado… ehrr, Wait! Pero bueno, aún suena bien con su voz de helio.

La cuestión es que se combinaron demasiadas cosas en este disco, y lo realmente milagroso no es que después de todo sea un álbum consistente, sino que no hayan muerto de sobredosis en su grabación. Sabbath llegaba al estudio tras haber lanzado tres joyas en las que se cimentó un género entero, con ese oscuro proto-doom. El Black Sabbath, Paranoid y Master of Reality son clásicos, cada uno más pesado que el anterior, sin los cuales probablemente no tendríamos ese universo en sí en que se ha convertido el Metal. Supongo que Iommi estaba lo suficientemente lúcido como para darse cuenta que no había manera de superar al Master por el mismo camino. Y la eterna pregunta, “Y ahora qué?”. Bueno, expandirse, buscar una mezcla entre suave y pesado que más o menos le había funcionado a Zeppelin. La cuestión es que pareciera que la cocaína los hizo perder piso, concentrándose más en la fiesta que en la música. Las letras ponen a Ozzy en un plan mesiánico/destructivo, como aparece en la mítica portada, que es una de las más parodiadas ever. Ciertamente tenemos algunas rolas potentísimas, con la marca de la casa y que la rompen. Pero hay otras que sin ser malas, parecen fuera de lugar. “Laguna Sunrise” es un tema precioso, pero no encaja en el mood del disco. “FX” es una mala broma, afortunadamente breve. O el ambiente festivo y cuasi bailable de “St. Vitus”. Y la polémica “Changes” que para algunos es el peor tema de Sabbath en ésta primera época y para otros es simplemente una linda rola, con la que ganaron mucho tiempo al aire en estaciones comerciales. Tenemos pianos, orquesta, melotrón… y a pesar de la potencia de algunas rolas, parecieran estar grabadas en piloto automático, sin terminarse de pulir. Que básicamente es lo que pasó…  

 

El disco arranca de manera inmejorable con “Wheels Of Confusion/The Straightener”, que tiene una espectacular Intro, lenta, bluesera, cavernosa, pero a la vez oscura y amenazante, que es a mi gusto la mejor parte del disco entero. A los :20 cambian el tempo y se queda retumbando con ese incisivo y colosal riff pateatraseros, marca Iommi. Es básicamente un tono, lleno de distorsión, pero con un poder excepcional, que se combina con la voz de Ozzy en una melodía semilenta e hipnótica. La letra habla sobre esa pérdida de la inocencia, de ese mundo que de niños es de cuentos de hadas y sin darnos cuenta se va volviendo oscuro y amargo: “Soon the days went passing into years, Happiness just didn't come so easy, Life was born of fairy tales and daydreams, Innocence was just another Word…” me encanta como remata con la pregunta “Was it illusion?”. Canta con una voz casi hueca. No puedo decir que sea carente de emociones, y si fue a propósito o por resultado de tanta droga, pero por momentos suena escalofriante. Alrededor del minuto 2, Iommi se lanza con otra serie de riffs que terminan con una especie de arpegio. Luego viene un puente y el mood de la rola cambia por completo, con una formidable guitarra de Tony, Ward atacando los platillos y Butler efectivo al fondo, algo escondido. Iommi hace slides agudos que dan cierta sensación apocalíptica. Al 3:40 reaparece Ozzy con un pequeño puente mientras la banda sigue acelerando y regresan a ese riff colosal que termina con notas lagrimeando llamas. Al 4:15 volvemos a esa avalancha con el riff principal. Osbourne sigue filosofando de manera pesimista, intentando hacerse el listo, pero… no es que use precisamente lugares comunes, pero suena a plática de una borrachera al borde del amanecer. La rola se apaga al 5:15 e inician los cañonazos y arpegios limpios que hacen una combinación contrastante, para dar paso en la coda a “The Straightener”, retomando esa costumbre de multipartes de discos previos. Tony brilla aún más, mezclando cañonazos sónicos con ese riff arepegiado y un requinto de antología. “Wheels Of Confusion” arranca de manera monumental el disco, dando la impresión de que continúan al mismo nivel que el Master, y dejando la vara muy alta para el resto de las rolas. 

Continuamos con “Tomorrow's Dream, que tiene un riff movido y con mucho punch, pero algo más, ehrr… no sé como definirlo. Rupestre? Básico? Suena algo inacabado, y aunque de inicio parece divertido, y casi bailable, o al menos apto para el headbanging, a la larga resulta algo irritante. No sé, algo en el tono o en el riff mismo que no termina de funcionar. Ozzy grita las letras, una especie de despedida muy ardida. Lo mejor es el puente al 1:30, en el que la canción se vuelve más lenta y melódica, Ozzy hace un mejor trabajo vocal y Iommi hace esplendorosos arpegios con una gran secuencia. Luego regresan a ese primitivo riff para un verso más antes de cerrar. La canción es corta, rápida, dinámica, y nótese que no tiene estribillo. Pero hay algo que no termina de cuajar y es de las que se siente con potencial, pero inacabada.

Está luego la canción más polémica del disco, Changes” que es una balada a puro piano y melotrón, sin presencia de Ward ni Geezer. Bueno, casi. Tony estaba experimentando con un piano que se encontró en la mansión de Bel Air, y le salió esta melodía. Su fuerte es la guitarra, definitivamente, pero la línea de piano es linda, aunque insisto, parece una base para desarrollarla más, suena inacabada, y después de un rato, repetitiva. La letra la compuso Geezer Butler, basándose en el proceso de separación y divorcio que llevaba Ward con su esposa. Usar la palabra trillado, me parece muy trillado. Pero no hay otro adjetivo para la letra: “I feel unhappy, I feel so sad, I lost the best friend, That I ever had, She was my woman, I loved her so, But it's too late now, I've let her go...” Tony y Geezer le agregaron el melotrón que tristea con capas aterciopeladas al fondo. Ni siquiera es la primer balada de Black Sabbath. Ya teníamos “Planet Caravan” del Paranoid y “Solitude” del Master, que pudieran ser incluso más sencillas en estructura, pero con una vestimenta más… Sabbathiana, oscura. Incluso Alice Cooper sorprendió a todos en su momento con “Never Cry”, pero aquí Sabbath hace un tema para amas de casa. Es linda, tiene su encanto, tiene ganchos a pesar de su sencillez, y creo que funciona, pero no suena en absoluto a Black Sabbath, quedando totalmente fuera de lugar en el disco y en la discografía de la banda. Pudieron darle un trato más oscuro y acabado con sus instrumentos regulares.

“FX” es una pésima broma de Iommi. Es decir, ignoro cómo debe sonar el crucifijo que traía colgado al cuello cuando tocó accidentalmente las cuerdas de su guitarra, considerando que debían traer ¼ del PIB de Colombia en sus narices. Quizá para ellos era como las trompetas del Apocalipsis. Pero la verdad es que son casi 2 minutos de nuestra vida desperdiciados. En dado caso, pudieron meter unos segundos como outro de algún tema, y además ya mas o menos lo había experimentado Floyd en “Echoes”.  

Viene después “Supernaut”, con uno de los riffs más cool de Iommi, que suena incendiario y hendrixiano por momentos. Ozzy se desgañita gritando como nunca, Butler haciendo notas ligadas que le dan sensación acuática y mayor profundidad al bajo, mientras que Ward masacra su batería multiplicándose y pegándole con una brutalidad inusual, y destacando con el cambio de beat en los puentes, en los que mantiene la tensión únicamente con el contratiempo. Incluso Bonzo Bonham llegaría a aceptar que era su favorita de Sabbath. El riff es pegajosísimo, potente, oscuro, pero a la vez con un matiz divertido y luminoso, con lejana influencia zeppeliniana. El solo al 1:40 es de los mejores de Iommi, más veloz de lo que nos tiene acostumbrados y sí con cierta reminiscencia a Hendrix en la manera en que ataca y en el efecto. La banda se combina muy bien, con los 4 a gran nivel, y al 2:40 tenemos una especie de solo de batería y percusiones, con Ward manteniendo el ritmo sin fanfarronear con arreglos muy rebuscados. El tema es tremendo, manejando muy bien los tiempos, y siendo uno de los puntos climáticos del álbum. Sí, a pesar de la letra, en la que sólo le falta presumir que su mascota es un zapato viejo que saca a pasear amarrado a una cuerda. Quizá después de “Changes”, el tema más conocido del álbum.

La segunda cara inicia con “Snowblind”, otro potentísimo tema de más de 5 minutos. EL título, si no queda suficientemente claro con la letra y con el suspiro al :40, habla sobre cocaína, en particular del tipo ultrapuro llamado Snowblind que consumían en ese entonces: “Something blowing in my head, Winds of ice that soon will spread, Down to freeze my very soul, Makes me happy, makes me cold”. La letra es un tanto burda, pero Ozzy y quizá la banda estaba convencida de ella, y es lo que la vuelve algo escalofriante. Pero musicalmente es muy buena, con otro gran trabajo de guitarra de Iommi, insertando varios riffs de tremenda manufactura, lentos, aplastantes y amenazadores, con el sello de la casa. Los quiebres instrumentales como el del 1:15 son mastodónticos, con Iommi alternando arpegios llameantes con Power Chords y Ward llevando un complejísimo patrón. Al 1:50 Ozzy cambia la melodía, y Iommi lanza otrp requinto épico al 2:20, quizá no el más rápido y técnico, pero expresivo y acuchillante, muy acorde a la letra. Al 3:30 tenemos un nuevo riff y la rola se acelera, creando una sensación de urgencia por momentos. Y al 4:15, entra una orquesta  creando un impresionante fondo para el requinto de la coda. Supongo que les sobraba tiempo del que habían pagado para “Laguna Sunrise”. El solo por cierto, es aquí más incendiario, rápido y con agudos dominantes, mientras se difumina pasando los 5:30. Este iba a ser el título del disco, pero la disquera los censuró y por ello quedó el creativísimo Vol 4. Quizá la más grande oda a la coca después de la de J.J. Cale.

Sigue “Cornucopia”, donde concuerdo con Ward que quisieron hacer algo demasiado complejo, pero suena forzado y antinatural. La melodía es horrible, Ozzy canta igualmente horrible, gritando por momentos, y se nota el esfuerzo de Bill de tratar de dar coherencia al enorme desbarajuste de los tiempos. Es potente, pero los riffs suenan inacabados, y alternan algunos muy lentos con otros muy rápidos, de forma que no resulta memorable. Al final no sabes qué diablos oíste. La letra, bueno Osbourne intenta criticar a la gente superficial y frívola, y se declara como su salvador. Es de las que tenían potencial en los riffs, pero apelmazaron demasiadas ideas sin éxito. Me puedo imaginar a Ward sentado en una esquina casi chupándose el dedo y muerto de paranoia pensando que lo iban a correr en cualquier instante.

Continuamos con “Laguna Sunrise”. Éste instrumental lo compuso Tony tras quedarse despierto toda una noche y ver el amanecer en Laguna Beach. El tema es bellísimo, hay que decirlo. Es una especie de respuesta a “Black Mountain Side”, supongo? No tan creativa, pero más melódica, delicada, mostrando que Iommi también puede usar la acústica. El tema tiene una hermosa estela orquestada que suena como un amanecer en la laguna, y que sirve para ocultar un poco lo repetitivo del riff principal. Es muy bello y sirve además de respiro después del caos de “Cornucopia”. Pero también suena fuera de lugar, totalmente ajeno a cualquier cosa que hubiera presentado la anda hasta entonces.

Luego está “St, Vitus Dance”, con un riff muy californiano, y que recuerda vagamente a “Dancing Days”, incluso más alegre y bailable. Luego cambian al peculiar tono espeso y oscuro de Iommi para que Ozzy entre con unos versos con apenas melodía. El excelente riff principal queda eclipsado por esa mezcla en la que parece que metieron 2 rolas distintas en la licuadora. Ward tiene otro gran performance con el trabajo de platillos y al llevar el complejo cambio de tiempos. Dura incluso menos que la anterior, y queda la sensación de que si se hubieran enfocado más en ese estupendo riff principal, hubieran podido lograr una rola de antología.

El Vol 4 cierra con “Under The Sun”, que raya los 6 minutos. Un riff leeeeeeeeeeeeento pero apocalíptico, como si Iommi quisiera sacudirse cualquier crítica por suavizarse en este disco. Luego se acelera para los primeros versos y una melodía salvable con otra letra fanfarrona en la que básicamente nos repite que le vale madres lo que opinemos de él. “I wanna live my life, I don't want people telling me what to do, I just believe in myself, 'cause no one else is true”. La banda se calla entre estrofa y estrofa para dejar a Iommi hacer unas escalas ascendentes rápidas, pero que suenan casi disonantes. Luego siguen metiendo partes y secciones y cambios de ritmo como si fueran Yes, pero sin lograr hacerlo funcionar del todo. Tony hace un gran requinto en la sección media. Cerca del 4 suena un Gong y entra la segunda parte o coda de la rola, subtitulada “Every Day Comes & Goes”, donde Iommi ahora si se discute con un doble solo sobrepuesto (mas el riff, espejeado por Butler), que crea una sensación espídica, de telaraña, para luego callarse, dejar solo el riff principal e ir escalando de nuevo lentamente. Una sección verdaderamente orgásmica, pero que queda opacada con la desorganización de los primeros 4 minutos.

 

El disco no es desastroso. Tiene grandes momentos y grandes riffs. El problema es que no es tan cohesivo y consistente como sus predecesores. “Wheels Of Confusion” es una gran rola, pero no hay algún tema que se acerque al status de las rolas grandes de Paranoid o del Master of Reality. Hay riffs potentes y solos incendiarios, pero hay canciones que se alargan innecesariamente o que echan a perder los buenos momentos con riffs y melodías que suenan inacabadas. Se nota la falta de un productor externo que les aconsejara.

Salvo “FX” que no es una rola y “Cornucopia”, que peca de pretenciosa y compleja, no hay temas realmente malos. Sin embargo no todos terminan de encajar en lo que Black Sabbath nos tenía acostumbrados. Pareciera como si la banda tuviera demasiadas ideas, demasiada actividad mental, pero a la vez, falta total de claridad para ordenarlas y plasmarlas de manera correcta con los instrumentos… Como si tuvieran ceguera de nieve, como irónicamente se iba a titular el disco. Aún así, los buenos momentos rescatan el álbum y hacen que valga la pena, solo que difícilmente se le puede poner la etiqueta de clásico, como a esa primer trilogía. El Vol. 4 es pues el comienzo del fin: “I'm going through changes…”

 

 

Por Corvan 

 

 

 

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