WHEELS OF FIRE (Cream, 1968)

Artista: Cream (B)
Fecha de Grabación: Jul ‘67 – Abr ‘68
Fecha de Lanzamiento: Julio 16, 1968. UK
Discográfica: Polydor
Productor: Felix Pappalardi
Calificación: 9.5

 

 

Era: La Psicodelia (1966-1969)

Subgénero: Guitar Heros 

Mejor Canción: White Room en uno y Crossroads en otro, pero por muuucho!

Canciones: 1) White Room; 2) Sitting On Top Of The World; 3) Passing The Time; 4) As You Said; 5) Pressed Rat And Warthog; 6) Politician; 7) Those Were The Days; 8) Born Under A Bad Sign; 9) Deserted Cities Of The Heart; CD2: 10) Crossroads; 11) Spoonful; 12) Traintime; 13) Toad.

 

Este disco doble alcanzó un status casi mítico desde el momento de su lanzamiento porque en esa fecha el grupo ya arrastraba tanto desgaste y conflictos internos que su disolución era inminente. La banda decidió separarse desde Mayo, sólo cumplió compromisos en vivo pactados previamente y la disolución oficial de este mega trío vendría en Noviembre.

Así que este es el último disco de la efímera pero sustanciosa vida de Cream. Después saldrían algunos discos en vivo, como los Goodbye I y II, y el Farewell Concert, grabados durante las presentaciones que comprendieron ese lapso final de 1968, pero siendo honestos, no son los mejores en vivos de la banda, ya que las fricciones eran evidentes; más que solos eran batallas para ver quién sobresalía y sonaba más fuerte, y lo que querían era que la banda se acabara lo más pronto posible. Me parece que incluso el grabado en el Royal Albert Hall en 2005 los supera porque, aunque el tiempo (casi 30 años!!!) no ha pasado en balde, al menos los integrantes suenan en dicha reunión como una banda compenetrada y que disfruta lo que hace.

Así pues, este Wheels Of Fire es un álbum doble que en la primera parte es un trabajo de estudio y en la segunda es una presentación en vivo de muy buena calidad, al menos a mi gusto, mejor que los Goodbye. Cream era una banda que hizo innovaciones en estudio, por los sonidos y experimentaciones que lograron, sobre todo Clapton con sus pedales. Pero la verdadera magia de Cream era en vivo, donde se convertían en un monstruo de tres cabezas, capaces de alargarse con magníficas improvisaciones llenas de técnica y maestría que aún hoy en día no me dejan de sorprender, mientras el público les exigía cada vez más virtuosismo y solos más largos en los shows. La magia que desplegaban en vivo era única, ya que no necesitaban de efectos de luces, ni andar brincoteando por todo el escenario; los tres eran muy sobrios en escena y el simple escucharlos contagia aún hoy con la tremenda energía de que eran capaces, aunque desafortunadamente, no hay muchas grabaciones de calidad en su clímax como banda en vivo. El disco dos de este Wheels of Fire al menos los muestra en un nivel muy aceptable en el escenario, mientras que el disco uno nos presenta a la banda en su faceta más experimental dentro del estudio, aún con muy buenos riffs y fuerte carga de blues, pero también canciones donde la detallada creación de atmósferas cobra más relevancia sobre la explosión de energía.

Así pues, al momento de grabar éste álbum, Ginger y Jack prácticamente no se dirigían la palabra, mientras que Eric estaba hasta la madre de servir de intermediario. Pero se decidieron a grabar éste disco como último legado de una de las bandas más talentosas e influyentes de la historia. El disco tiene brillantes himnos psicodélicos con el mejor manejo de wah de Clapton en toda su vida; feroces covers de blues que fueron prácticamente reescritos y redimensionados por la banda; y piezas experimentales de muy buena manufactura, con atmósferas orientales o medievales, instrumentos que no habían usado como la viola y trompetas, así como ritmos más funkies. Cierto que la verdadera revolución creada por Cream fue en sus primeros dos discos, pero no se puede decir que éste no contenga sus innovaciones.

El aura psicodélica viene desde la portada. Es similar a la portada del Disraeli Gears simple y sencillamente porque también estuvo a cargo de Martin Sharp, con la diferencia de que el color gris desluce un poco. En su momento, el LP estaba en una caja de aluminio que resaltaba el efecto alucinante de la portada y que le valió a Sharp el New York Art Director's prize por Best Album Design en 1969. A mí, la portada gris no me llama mucho, a comparación de la genialidad y colorido del Disraeli Gears que me parece de las mejores de la historia, pero supongo que el aluminio le daba un efecto mucho mejor que el gris opaco actual y de alguna manera representa el estado de ánimo de la banda.

 

El disco abre con la excelsa “White Room”, que a mi gusto es la segunda mejor canción del corto catálogo de Cream y por lo tanto, la mejor de este álbum. Se trata de un himno psicodélico que combina la tristeza cósmica de “We’re Going Wrong” con el riff descendiente de “Tales of Brave Ulyssses” y un poco de magia de estos tres virtuosos. La intro es casi operística, creando una muralla de sonido que por momentos se confunde con una orquestación, pero no es más que la banda con algunos efectos, con la guitarra llorando a tres dedos y el bajo y batería retumbando poderosamente al fondo. Impresionante. Esa intro siempre logra tirarme del asiento, y se repetirá un par de veces en la canción, una al 2:15 y otra al 3:30, ya para iniciar la coda. Luego entran en ritmo a los versos, pausados, pero con la potencia suficiente de ese delicioso riff hacia abajo. Ginger hace un redoble rapidísimo de toda la batería para entrar al aura cósmica que crea Jack cuando canta el coro a falsetto: “I’ll wait in this place, where the sun never shines…”, mientras Baker hace una batería mastodóntica con algunos destiempos y Clapton le pone luz a su pedal wah y hace un efecto con la palanca de tremo para esa aura celestial del coro, además de empezar a regar de minisolos toda la canción, cada segundo más salvaje. Así, el siguiente verso conserva la misma estructura del primero, pero la diferencia es que se crea un diálogo bestial entre Jack cantando y Clapton requinteando. Así llegamos a la repetición de la intro, que después del efecto desquiciado del coro, vuelve a dar cierta solemnidad y oscuridad magnificente a la canción. Para el siguiente verso, Clapton no se conforma con un diálogo, sino que está haciendo un requinto incendiario por encima de la voz de Bruce, logrando que la canción esté en su mejor momento, entre voces y un solo de los mejores en la carrera de Eric. Viene un nuevo coro, después la última repetición de la intro, y cuando parece que la canción va a terminar aquí (y podría hacerlo) con esa última nota alargada al minuto 4, la canción estalla con una coda instrumental poderosísima: Eric haciendo un solo aún más potente y elaborado que el anterior, pero Bruce también haciendo un arreglo de bajo que es un solo por sí mismo, arreglándoselas para no taparse el uno al otro, mientras Ginger hace unos destiempos y redobles verdaderamente apocalípticos. Lo notable de la canción es la manera en que van hilvanando una atmosfera que suena a la vez triste y poderosa, logrando subidas y bajones, como al 3:00 cuando Eric nos manda al cielo con su tremendo wah, para inmediatamente regresarnos a la tierra con un coro que apenas cambia de ritmo, pero baja notablemente de intensidad para volverse casi íntimo con ese falsetto de Bruce. Las letras son algo bobas, pero a quién le importan realmente teniendo semejante instrumentación? En fin, podría pasarme horas hablando de esta rola, pero aún quedan otras 12. Solo me resta mencionar que adoro los solos de wah-wah de Clapton, por si no lo había notado alguien.

Sigue “Sitting On The Top Of The World”, un cover de blues, reinterpretado como un blues rock lento, pero muy poderoso. La guitarra está cargada de distorsión, y el bajo nuevamente parece estar haciendo un solo en todo momento (por eso Bruce es mi bajista favorito), mientras Ginger se acerca al tono pesado y destructor que haría Bonzo en el debut de Zeppelin, con la novedad de que este es un blues retrabajado, no una pieza de protometal. En fin, a algunos les parece aburrida por ser muy lenta, pero el extenso solo que inicia al 2:15, en el que los tres instrumentos van creando todos los recursos posibles que la estructura de blues tan básica les permite, es algo colosal. No es una pieza de pop, definitivamente, pero esta es una canción para poner a todo volumen y escuchar con los ojos cerrados, siguiendo una vez a cada instrumento, para darse cuenta del valor que tiene. Al 4:15 Jack le regresa el detalle de la canción anterior a Eric y comienza a cantar justo en el clímax del solo, para crear en conjunto un efecto orgásmico.

Después viene "Passing The Time”, que tiene también una intro medio operística y medio anuncio-del-fin-del-mundo. Sin embargo no es un rock psicodélico, sino que después de esa entrada tan energética, inicia un ritmo lento, con teclados y una armonía vocal de vaivén, casi como canción de cuna. Pappalardi al fondo crea un buen fondo con su viola, aumentado el efecto hipnótico y dulce. Al 2:05 se da lo que debería ser la continuación a la intro, con un ritmo que se vuelve desenfrenado de la nada, repitiendo el título infinidad de veces mientras los tres músicos se alocan en un jam intenso con aires medio orientales que se va desvaneciendo poco a poco. Al 3:20 regresa la canción de cuna y así termina. Es una canción experimental, pero a mi gusto, los cambios drásticos logran funcionar y son interesantes. Es como si a “Good Night” le hubieran puesto en medio “Helter Skelter” en el disco que en esos momentos cocinaban los Beatles en Abbey Road y en el cual también participaría Clapton como invitado. Coincido pues en que no es la mejor rola de Cream, pero no entiendo las críticas despiadadas a este track.

Enseguida está “As You Said”, otra canción de corte experimental, con un aura entre cósmica y oriental. Papparaldi nuevamente contribuye al sonido con su viola distorsionada, logrando una especie de mezcla entre Velvet Underground y Led Zeppelin. Sólo que los Zepps aún no debutaban, por lo que es clara la influencia que este tipo de cortes tendrían en futuros temas de Led, como “Friends”. El guitarreo acústico ascendente, los juegos de tonos, la manera lenta y como sofocada en que Jack canta el título de la canción, son algunos de los ganchos que hace de esta una canción hipnótica y delirante.

El único punto flaco del disco es “Pressed Rats And Warthog” que es recitado al estilo de “Blue Condition” del Disrali. Con una atmósfera medieval creada por las flautas y los metales, esta “canción” de Ginger no tiene dirección y es un evidente relleno del disco, sin ganchos, con una letra nefasta (tampoco es que las de Bruce/Clapton sean particularmente brillantes) y aburrida.

Afortunadamente sigue “Politician”, otro blues lento, con un riff de bajo muy bueno, y una batería arrasadora que en conjunto roza por momentos la definición del metal. Bajo de este gran arreglo, Clapton va haciendo sus trucos, sobreponiendo varias guitarras para lograr un efecto delirante, sobre todo en el solo a partir del 2:05. Y las letras esta vez sí son de lo más incisivas, haciendo una durísima crítica a modo de sarcasmo a la clase política: “I support the left, tho’ I’ll leanin’ to the right”. Cierto que el riff es repetitivo hasta el cansancio, pero eso se compensa por el poder de la canción y los excelsos arreglos de las guitarras.

Después llega “Those Were the Days”. No es particularmente impresionante, pero como todas las canciones compuestas por bateristas (excepto tal vez Ringo), está hecha para que el baterista se luzca a placer con solos, redobles, contratiempos y ritmos intrincados, y esta no es la excepción. Salvo eso y las campanitas, no hay más, pero Baker es uno de los bateristas con mayor influencia precisamente por la técnica y recursos desplegados mientras lleva el ritmo, como este caso, más que por solos kilométricos como “Toad”, por lo que el valor de esta canción radica en la batería.

“Born Under a Bad Sign” afortunadamente es un cover que tiene de sobra lo que le falta a la anterior: Un riff para levantarle un monumento y una armonía vocal mucho más sólida. Clapton también hace un excelente trabajo y esta vez si es reconocible, con esos arreglos que va deslizando entre los versos casi de manera tímida, hasta el solo al 1:35, quizá no tan incendiario como otros, pero de buen nivel, con un tono afilado y brillante, y con un estilo totalmente claptoniano.

El disco uno termina con “Desserted Cities of the Heart”, otra joya de este disco, con un ritmo vertiginoso, desde el guitarreo que no da tregua (tocado por Bruce), una batería que se basa en el contratiempo incisivo, pero con eventuales minisolos de gran ejecución, y una de las intepretaciones vocales de Jack más furiosas. Una canción aguerrida, ácida, oscura y delirante, con un increíble solo al 1:50, cargado de vibrato e inusualmente melódico. En general un trabajo igualmente espectacular por parte de los tres, lo cual hace de esta una de las grandes canciones del disco y un espectacular cierre.

El disco 2 inicia con “Crossroads”, que es quizá el mejor cover no sólo de Cream, sino de todos los tiempos. La manera en que toman una canción que era ejecutada originalmente con una sola guitarra en un tiempo lento y lo convierten en un furioso rocker, con un riff magistral y espídico, cargado de adrenalina y el triple solo al 1:28 (la línea de bajo es por sí sola una joya!!!!) es de otro mundo. Al 2:30 llega un solo aún más furioso, la canción va cobrando cada vez más velocidad y potencia, y por momentos es difícil de creer que sea la misma canción de Robert Johnson. En fin, podría extenderme mil horas, pero esta es otra de las canciones de Cream que deben escucharse a todo volumen y ojos cerrados para deleitarse con el regalo que nos hace este trío de virtuosos. Después de “Sunshine…” y “White Room” esta es mi siguiente canción favorita forever and ever de Cream.

Después está una enorme versión de “Spoonful”, de más de 16 minutos, con un solo de más de 10 minutos. Este es el inicio de las rolas kilométricas que atestarían los setentas. Lo pueden tomar o dejar. Para muchos resulta imposible aguantar escuchando tanto tiempo un jam, salvo que estamos ante un jam de uno de los mejores tríos de la historia, por lo que cada que la escucho le descubro algo deliciosamente nuevo en esas alternacias durante el extenso solo. Y es que hay que hacerlo notar, una cosa es extender una rola sin sentido alguno, para cubrir espacio vacío en un concierto, y otra es tratar con este respeto a la música, dando notas improvisadas pero con cohesión, elevando entre los tres la intensidad de la rola, y bajándola también a un tiempo. Yo encuentro esta versión deliciosa y superior a la de estudio, siendo un claro ejemplo de la potencia de Cream en vivo.

“Traintime” es el otro lado de la moneda, siendo un jam ahora si innecesario, ya que no hay justificación en el mundo para escuchar una improvisación de harmónica de Jack Bruce durante 7 minutos. Y no tengo nada contra los solos de harmónica, pero Bruce es bueno a secas en este instrumento, no un virtuoso. Y Eric aprovecha para fumarse un cigarro detrás del escenario mientras ve como Ginger hace durante 7 minutos el mismo cansino ritmo que imita un tren en marcha. Yawn. Habiendo tantas otras canciones que podían lucir, por qué esta?

El Wheels of Fire cierra definitivamente con “Toad”. También ha sido fuertemente criticada por ser excesivamente larga, casi 17 minutos. Y tampoco soy fan de los solos kilométricos de batería, y es cierto que si a alguien tenemos que culpar de que actualmente nos quiten bastantes minutos en los conciertos de bandas con bateristas con el ego suficientemente inflado como para intentar un solo enorme y aburrido es a Ginger y a nadie más, también tiene cosas muy interesantes. Depende del estado de ánimo en que me encuentre, puede maravillarme o aburrirme, y por eso entiendo tanto a los fans como a los detractores de este track. Pero es innegable la técnica de Baker con los platillos, y que en vivo debió ser un espectáculo impresionante. Con el gran regreso al riff monstruoso al 15:33 y los últimos platillazos de Ginger se cierra una era impresionante en el que este trío llevó al rock a alturas insospechadas. La crema y nata del rock: Ginger Baker, Jack Bruce y Eric “Slowhand" Clapton.

 

Ya que tiene rolas enormísimas (White Room y Crossroads por decir las más sobresalientes y con consenso universal), y por otro lado algunos rellenos o piezas en vivo que se podrían considerar excesivas, el disco generalmente divide opiniones: por un lado es sobrevalorado como una joya invaluable y el mejor de Cream. Por el otro, es acusado de tener jams demasiado largos y aburridos en las partes en vivo y experimentaciones fallidas en la parte de estudio, etiquetándolo como un disco soso y que muestra una banda en desintegración. A mi no me gustan estos dos extremos, y prefiero considerarlo como el segundo mejor disco del trío, potente por momentos, con algunas innovaciones, y un buen ejemplo del poder de la banda en vivo, demostrándonos que a pesar de ser canciones largas, el nivel de improvisación y creatividad de cada integrante era de primer nivel. Así pues el Disraeli Gears es para mí la obra maestra del grupo, el Wheels of Fire queda muy cerca y el Fresh sería un buen trabajo, pero aún muy verde respecto a estos otros dos. Casi un 10 perfecto, pero las dos canciones marcadas en azul son errores demasiado graves como para pasarlos por alto esta vez. Aún así es un disco básico.

 

 

Por Corvan  

 

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