MUJERES (Silvio Rodríguez, 1979)

Artista: Silvio Rodríguez (A)
Fecha de Grabación: 1978
Fecha de Lanzamiento: 1979, CUB
Discográfica: EGREM
Productor: Frank Fernández
Calificación: 9

 

Era: Trova y Cantautores (1970-???)

Subgénero: Trova y Cantautores 

Mejor Canción: Esto No Es Una Elegía, o Dónde Pongo Lo Hallado

Canciones: 1) Mujeres; 2) En Estos Días; 3) Ya No Te Espero; 4) Donde Pongo Lo Hallado; 5) Río; 6) Te Doy Una Canción; 7) Cierta Historia de Amor; 8) A Dónde Van; 9) Hoy No Quiero Estar Lejos de la Casa y el Árbol; 10) Esto No Es Una Elegía; 11) Aceitunas; 12) Y Nada Más.

 

Este es el cuarto disco de estudio de Silvio, el segundo que lanzaría en 1978 y el último de su primera etapa, en la que conservaría una base primordialmente acústica. Después de éste álbum, y prácticamente durante toda la década de los 80’s, el Aprendiz de Brujo daría un giro estilístico agregando instrumentación eléctrica, al principio de una manera maestral, rodeándose de los mejores músicos de Cuba, que supieron darle un toque perfecto y sutil a los primeros discos. Pero después iría tornándose cada vez más experimental, jugueteando con un montón de géneros latinoamericanos, volviéndose cada vez más difuso, raro, comercial… menos Silvio. Se entiende la democracia y las buenas intenciones, pero escucharle a Silvio un Chachachá no es precisamente placentero.

Zapatero a tus zapatos. Y el fuerte de Silvio Rodríguez es esto, sólo él, con su guitarra acústica y su técnica mágica, sus poesías absolutamente conmovedoras, y las excelentes melodías vocales. Es absolutamente imposible encontrar a otro artista tan completo, que mantenga todas estas características entre los puntos más altos. No hay nadie que combine en una sola persona la capacidad como compositor, como cantante y como ejecutor de guitarra al mismo tiempo, no de la manera que este hombre lo hace. Se puede debatir mucho que si Sabina, que si Fito o Charly García, y quien usted guste, pero la verdad es que eran grandes compositores; sabían o saben hacer grandes letras, ponerles fabulosas melodías, cantarlas bien (jamás al límite tonal de Silvio), pero musicalmente no eran capaces de hacer lo que el cubano hace él solo, sin ayuda de nadie. Por ello lo califico tan alto como artista y me parece que está a otro nivel, con algunos de los mejores discos de la historia.

Éste se acerca a la perfección, pero se notan ligeros retrocesos. Quizá por lanzar discos tan seguidos, pero siento que algunos de los temas son un poco flojos, como “Río”, y particularmente “Aceitunas” que me parece la mayor metida de pata de Silvio en sus 4 primeros discos, tanto que me es necesario marcarla en azul. Por lo demás, sigue teniendo canciones monstruosas, monumentales, absolutamente poéticas, clásicos eternos como la que titula el álbum, o “Donde Pongo lo Hallado”, “Cierta Historia” o “Elegía”. Pero también comienzan a salir temas que, sin ser necesariamente relleno, ya no mantienen el mismo nivel excepcional de discos previos, como “En Estos Días”, o “Casa y Árbol”. Y finalmente, vuelve a colocar “Te Doy Una Canción”, que ya había salido en la edición española del Días y Flores, pero no había salido en ningún álbum editado en Cuba, pero no deja de tener esa sensación de Deja Vú. Por lo mismo el disco es bueno, muy bueno, lleno de clásicos y todo, pero uno se queda con la impresión de que le falta un algo para alcanzar el status de obra maestra del debut o del Al Final De Este Viaje.

Aún así es un disco entrañable. El menos político de su etapa inicial. Silvio se nos pone bastante más personal, y más que darle un aura aguerrida y filosa como en los discos previos, aquí se siente mucho más cálido, más tranquilo, como guiándonos por su casa y mostrándonos su álbum familiar. Nos habla de sus amores, de su abuela, de una relación con una mujer mayor, de la nostalgia y recuerdos, del desamor, de la casa entrañable, de la muerte… de aceitunas (???!!!). Jaja. Por eso insisto en que esa canción no encaja en nada, además de que odio las aceitunas verdes. El caso es que del Silvio revolucionario y aguerrido, aquél que cantaba “Fusil Contra Fusil”, “De Mayor”, o “La Era” o “Playa Girón” queda poco. Apenas hay tímidos atisbos en “Ya No Te Espero” y en la previa “Te Doy Una Canción”, que no dejan de ser temas de amor, y uno se pregunta por cuál opción se decidió realmente cuando se hacía la pregunta retórica en “Debo Partirme en Dos”…

Afortunadamente Rodríguez tiene la extraña cualidad de ser tan buen escritor político como de amor, o anécdotas y temas más ligeritos (Tómala Lennon-McCartney! Un 2 en 1!!!), por lo que los puntos fuertes siguen manteniendo un nivel poético maravilloso y conmovedor, capaces de tocar fibras, y definitivamente clásicos favoritos en el enorme repertorio del cubano.

 

El disco abre con “Mujeres” tras un par de falsos comienzos. Es una canción muy rápida, con un guitarreo muy complejo que combina un arpegio raudo y dinámico con guitarrazos marcados. Fue escrita en 1975, pero por alguna razón, no había sido incluida en ningún disco previo. Después de esa intrépida introducción en la que se combina de manera casi imposible el arpegio con los acordes a destiempo (parecen al menos 3 guitarras, pero es una), la canción se queda como a la expectativa, y Silvio comienza con los versos y su cátedra de poesía anecdótica. El disco y la canción están dedicados a las mujeres. No precisamente en un sentido romántico, sino a esas heroínas anónimas, que sacrifican sus vidas por sus familias, y en cierta manera, son responsables también de formar revolucionarios y cimentar la patria. En esta canción en particular se pueden notar referencias para abuela María León (Me estremeció la mujer que parió once hijos), a su madre Argelia (Me estremeció la mujer que empinaba a sus hijos, Hacia la estrella de aquella otra madre mayor (qué tremendo verso, dicho sea de paso)), o a su hija Violeta (en los puentes: Lo que a mi más me ha estremecido, Son tus ojitos, mi hija, son tus ojitos divinos…). La canción es un homenaje con todas sus letras a La Mujer, así con mayúsculas, que en los ‘70s aún debían tener un rol pasivo (pero igualmente sufrido y difícil) en la Revolución Cubana, el abandonarse para criar a sus familias y cimentar la patria. De alguna manera hay ciertos tintes políticos, pero se tocan muy de pasada. El tema central aquí no es la política ni la patria, sino las “Mujeres de fuego, mujeres de nieveeeeeee” que se vuelve un estribillo pegajosísimo e inolvidable. Gran canción, rápida, fuerte, con mucha personalidad y un excelente tema para abrir.

Sigue “En Estos Días”, una canción simple, con un arpegio agudo y más delicado en forma circular. La melodía es más débil, no tan memorable, pero mejora en el coro. La letra es lo que cuenta. De ésta no estoy seguro de cuándo fue escrita, pero por el contenido náutico, presumiblemente es una de las que formaron parte del cuaderno del Playa Girón. Una poesía simple, narrando la manera en que extraña a una mujer, presumiblemente a Emilia Sánchez, su amor de la juventud, quien representa esa tierra a la que añora regresar y a quien le conduce el destino: “En estos días, todo el viento del mundo sopla en tu dirección.” No es de mis favoritas, y de repente hay algunos clichés, pero me gusta ese verso del puente “En estos días no sale el sol, sino tu rostro.” Aún así me parece de las canciones menores de Silvio, y hasta este punto de su discografía, no había habido tonos medianos de este tipo.

Luego tenemos “Ya No Te Espero”, una hermosa canción, en donde vuelve a hacer gala de esa notable combinación de arpegios a velocidad de la luz con unos acordes a destiempo en los lugares menos pensados. Mucho se debatió del contenido político de esta canción, que si era para Fulgencio Batista, u otro posible intento de invasión por parte de Estados Unidos, los disidentes de Miami, o cualquier enemigo de la Revolución. Aunque puede tomarse también con ese doble filo de canción de desamor, creo que es la canción de tintes más políticos del disco, hablando de la Revolución, de los problemas que ha tenido en sus casi 20 años (en ese entonces), de los problemas que aún le quedaban por enfrentar a Cuba (ya he besado cada plomo, con que mato y con que muero, ya se cuándo, quién y cómo) aunque aún era imposible adivinar la caída de la Unión Soviética. Finalmente, la última estrofa es monumental, una manifestación de humildad que rara vez se ve: “Ya no te espero. Porque de esperarte hay odio en una noche de novios…” Silvio nos da una lección, diciendo que de seguir a la defensiva, esperando siempre lo peor de alguien, el corazón se llena de odio e impide disfrutar los grandes momentos de la vida. Si uno espera, se envilece, se estanca en el pasado, deja de verse a sí mismo. Por eso no se debe esperar, sino ver hacia el futuro. No es de mis favoritas en melodía, ni llegó a nivel de clásico, pero líricamente esta canción es tremenda, muy subestimada.

Enseguida tenemos “Dónde Pongo Lo Hallado”, también conocida como “Qué Hago Ahora Contigo”. Es una balada de una belleza barroca, etérea, con arpegios que recuerdan un poco los sonidos del dulcimer o algún otro instrumento medieval por el sonido metálico y cargado de eco de las cuerdas. Al parecer simplemente es una guitarra con cuerdas de metal a doble track con un ligero desfase para generar ese efecto remoto y delicioso, haciendo un círculo descendente con algunas ligeras variaciones de tonos. La balada es exquisita, sencilla, con una poesía simple, sin tanta carga metafórica, pero con una carga emocional demoledora. Habla de la pérdida de un amor y de los estragos que deja. Después de una relación importante, uno se queda con todo lo que se construyó juntos, los recuerdos, los amigos, los lugares, las anécdotas, todo eso se queda latiendo después de una ruptura, y Silvio simplemente se pregunta “Qué hago ahora contigo? Ahora que eres la luna, los perros, las noches, todos los amigos?”. Esta canción tiene un significado especial para mí, ya que era de las que tocaba con Trovadictos en Caf-Eco. Después de que murió Polo, la cantamos en su homenaje y la letra cobró un nuevo sentido. Recuerdo que me quebré por completo a mitad de la canción y aún hoy día me es muy difícil tocarla de nuevo. Es otra de mis favoritas de Silvio, aunque no es de las más conocidas de su repertorio.

Después llega “Río”, una canción modesta, de un optimismo excepcional para Silvio. Una cancioncita simple, con un riff de guitarra pegajosísimo, y una de las interpretaciones vocales más sorprendentes. La voz de Silvio parece que se va a quebrar al principio de cada verso de tan alta y delicada. La canción es luminosa, un himno a la esperanza con versos como “Creí a mi alma inservible, pero era cansancio vulgar nada más”. El detalle es que la melodía de las estrofas me parece muy repetitivo y forzado, y el del coro un tanto bobo. La canción mejora después del primer coro, pero no es definitivamente de mis favoritas. Afortunadamente no es demasiado larga, y la última frase es de antología “Es que vivo camino al cementerio”.

El sexto corte es “Te Doy Una Canción”, originalmente compuesta en 1970, pero que ya había salido en un disco del mismo título de 1975, el cual fue editado en España por la prohibición franquista de algunos temas del disco debut, “Días y Flores”. No voy a repetir lo que ya comenté de la canción en dicha reseña. Simplemente reafirmar que es otra de mis canciones más significativas y queridas de Silvio. Quizá es también la canción más versionada por él mismo en su discografía. Aquí viene con un arreglo ligeramente distinto al disco del ’75, más suave, simple y cadente. En el Mano a Mano aparece interpretada en vivo en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid, con una preciosa introducción alargada. También aparece en el En Vivo en Argentina grabado junto a Pablo Milanés... La canción también fue escrita para Emilia Sánchez, con quien estuvo a punto de casarse y que fue la mayor musa e inspiración de Silvio en sus primeros discos. Quizá la gente le exija a Silvio interpretar temas como “Ojalá” o “Playa Girón”, pero ésta es de las que el mismo Silvio no se puede perdonar no tocar en cada concierto, además de que también es de las más coreadas. No la marco en rojo al ser una repetición, pero definitivamente es otro de los puntos fuertes del álbum.

Llegamos a la mitad con “Cierta Historia de Amor”, que es una especie de comedia autobiográfica. Bueno, no me consta, pero el nivel de detalle de la narrativa hace imposible pensar que no le haya ocurrido realmente al autor. La verdad es que nunca fue de mis temas favoritos, y tan no me gustaba, que me negaba a acompañar a Juanjo en las noches de Trova cuando la interpretaba. Pero ahora me sorprendo a mi mismo encontrando que me gusta, que me la sé y que puedo cantar la letra de memoria, jajaja. El guitarreo es lúdico, no sin su grado de complejidad, haciendo bajeos o arreglos con secuencias rápidas entre las estrofas. La melodía vocal también es única, absolutamente sarcástica y pícara, nada parecido a alguna otra canción de Silvio hasta ese momento. Así va narrando con hartas dosis de cinismo su aventura adolescente con una mujer de 35. Pasando por el mítico verso de “Aprendí, de un buen amigo a pegarle a mi mujer, a llevar los pantalones como es la tradición”. Luego el estancamiento y la rutina, los celos asesinos, y “las tijeras de podar sus matas”. El final es muy divertido, sin sueños dorados, pero a salvo el honor, demostrando que uno debe tener cuidado con lo que sueña porque se puede convertir en realidad. Igual que “Óleo de Mujer con Sombrero”, no es de mis temas consentidos, pero reconozco su gran nivel musical y lírico, además de que es bastante divertida y muy sui géneris para el estilo del cubano, por lo que también me animo a marcarla en rojo.

Luego está la pseudo filosófica “A Dónde Van?”, una canción muy tranquila, con pinceladas de guitarra. La letra es muy socrática, con puras preguntas retóricas acerca del destino de las cosas abstractas, o a las pequeñas cosas cotidianas que nos pasan de manera casi desapercibida. A fin de cuentas, el día se compone de esas pequeñas cosas a las que no damos importancia suficiente, y Rodríguez parece estar llamándonos la atención. Cuál es el destino de las cosas? Tienen un nuevo uso? Me gusta la música tranquila, relajada, contemplativa, más folk que trova; pero la letra, a pesar de captarle la intención, nunca me ha maravillado.

Enseguida está “Hoy No Quiero Estar Lejos de la Casa y el Árbol”, una canción del ’69. En ella Silvio de nuevo refleja su nostalgia por la casa desde el mar, con un montón de referencias náuticas. La canción lleva un guitarreo muy rápido, intercalado con algunos bajeos, lo que hacen que su dificultad sea alta aunque luzca simplona. El ritmo contrasta con la cadencia de la melodía vocal, en la que el cantautor suena seco, casi indiferente para la añoranza que dice estar sufriendo. En tema más o menos promedio, que no es malo pero no está al nivel de los grandes clásicos del disco y por lo mismo suena pálido.

Viene ahora otro de los pesos pesados: “Esto No Es Una Elegía” que es una señora canción escrita desde 1973. Silvio se nos vuelve a poner serio, y hasta dramático, con una melancolía negra. Logra aquí varias de las mejores y más rebuscadas metáforas de su carrera: “Me quito el rostro y lo doblo encima del pantalón”, o “Tú me recuerdas el mundo de un adolescente; un seminiño asustado, mirando a la gente”. Habla de todo y nada al mismo tiempo, más que nada de los recuerdos. No es una canción sobre una persona muerta propiamente, como lo dice el título, aunque a mí siempre me ha parecido de una atmósfera casi fúnebre. El mismo Rodríguez la explicaría en una entrevista a María Grant: “(Esto No Es Una Elegía) fue escrita a una mujer de la que me enamoré, así, como cuando te parte un rayo. Me fue a ver, de pronto, al estudio donde yo estaba grabando, y recuerdo que salimos a caminar hasta el Malecón. Yo llevaba un libro de sonetos que había terminado en esos días, y nos sentamos en el muro a conversar. Entonces, hubo un beso, y tiré el libro al mar, los originales, 42 hojas... Por supuesto, que no lo recuperé, porque (ríe) no me lancé al agua tras los sonetos, sino que seguí aferrado a mi beso. Después caminamos por la Habana Vieja... Esa señora me inspiró tres canciones, dos divulgadas: “Esto no es una elegía” y “En estos días”. La única que no se conoce es “Ronda de los Condenados”. La canción es para leerse primero: hay grupos que no alcanzan esa cantidad y calidad de imágenes en una discografía entera. Y luego es para escucharse a detalle, dejarse llevar por la cadencia melódica, casi desesperada, casi hipnótica. La guitarra es fenomenal. Sin ser de una dificultad técnica extraordinaria, tiene una secuencia de tonos descendientes de Re menor que sólo se le pudo haber ocurrido al Aprendiz De Brujo. En los coros cambia a tonos mayores y la canción se abre, como si escampara y se inundada de luz y es parte del gran encanto de la canción. Sé que a estas alturas del disco ya lo habré repetido varias veces, pero esta canción es imprescindible y un clásico gigantesco de Silvio Rodríguez.

El negrito en el arroz viene siendo “Aceitunas”. En el disco de repente hay algunas canciones muy promedio, pero pasables. Esta es de las primeras metidas de pata feas, pero FEAS!! Parece que agarró cualquier pretexto para encajarle una letra a un guitarreo frenético y más o menos difícil. Pero ni siquiera la guitarra me encanta, el riff principal me parece muy cortante, chocante, con ese gusto agarroso del fruto en cuestión. Argh! Y la letra es absolutamente estúpida, comparando a la mujer con aceitunas. El estribillo es igualmente chocante, con una melodía entrecortada y repetitiva. Una canción verdaderamente lamentable por donde se le vea.

El disco cierra con “Y Nada Más”. Esta es la canción más experimental del disco. Silvio se graba en no sé cuantas pistas para hacer un lamento polifónico impresionante a manera de intro. Luego entra la guitarra con un arpegio tristísimo, haciendo figuras muy elegantes y deambulando de los extremos más graves a los más agudos. La melodía es exquisita, más fluída y compacta. Después de un rato, Silvio se vuelve a desdoblar para hacerse segundas en los versos, mientras la canción va cobrando más intensidad a partir de guitarreos. Realmente impresionante lo que puede hacer este tipo. Al 2:30 repite la espectacular intro a varias voces con la guitarra añadiendo dramatismo. Con la letra uno supone que está asumiendo la temporalidad, la ausencia de una vida más allá, tomando la vida como lo que es y se siente… Y nada más. La rola fue escrita en 1966 siendo de las primeras de Silvio, y quizá por ello tiene una cierta nota psicodélica en los guitarreos metálicos o en los espectaculares juegos de voces. La canción suena rara, pero en el buen sentido, y termina siendo un buen cierre para este buen disco.

 

Un gran disco, que sigue manteniendo en los puntos altos niveles épicos, pero que desgraciadamente, en los niveles medios ya no resulta tan sobresaliente como en los discos previos. Se nota ya algún relleno y sobre todo una canción que no tenía razón de ser, ni musical ni líricamente. Por lo mismo no puede ser un disco perfecto. Pero aún así es absolutamente recomendable. Sigue manteniendo la esencia del Silvio trovero, con su guitarra y ya. No luce tan amenazante ni político como en otros discos previos, pero sigue con la pluma afilada y logra algunos de los mejores temas de amor y desamor en español, con imágenes espectaculares y precisas, cargadas de emociones. Pronto volverá con un disco perfecto, pero tardaremos más de 14 años en volverlo a escuchar así de simple y efectivo, armado solamente con su guitarra y su magia. Con este disco se cierra la primera etapa acústica de Silvio Rodríguez, por lo que aún es un disco que recomiendo ampliamente.

 

 

 

Por Corvan 

 

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